Hay momentos que nos sentimos muy impulsiva, agrietadas, estresadas. Quizás por un largo viaje, una malanoche, etc…. Y esperamos la primera víctima que se nos aparezca, para descargar nuestros problemas con ella. Somos una bomba a punto de explotar, y terminamos diciendo palabras ofensivas, e hiriendo los sentimientos de los demás, y cuando nos damos cuenta y queremos rectificar nuestro error, y pedir disculpas, puede ser demasiado tarde, ya que nada puede borrar lo que salió de nuestros labios.
No podemos dejarnos dominar por algún carácter impulsivo, agresivo y ofender de cualquier manera a los que nos rodean. Recuerda: “los labios de justo saben hablar lo que agrada. Mas la boca de los impíos habla perversidades”…. (Proverbios 10:32)
Debemos pensar antes de pronunciar una palabra, ya que esta puede ser interpretada bien o mal.
“De la abundancia del corazón habla la boca”, todo lo que salga de sus labios, será todo aquello que llevas guardado en tu corazón...
Cuenta una vieja historia de un “ maestro sabio, que se enteró que dentro del aula habían muchas discordias, peleas y resentimientos entre sus alumnos de clase, por esta razón el decidió darles a cada uno , una hoja de papel blanco; después que todos la recibieron , le dijo que doblaran la hoja lo mas que puedan, cuando todos ya habían acatado la orden, les volvió a decir: que él quería la hoja igual como se las había entregado; entonces los alumnos comenzaron a quejarse diciendo que no se podía dejar la hoja de la misma manera como la habían recibido, ya que en ella existían muchas arrugas y ya no estaba liza , ni blanca como el maestro se las había dado. Entonces el maestro aprovecho la oportunidad para explicarles: que así como quedó la hoja , así queda el corazón de la persona que lastimaste, y muchas veces resultara difícil borrar las marcas que quedaron en el, ya que heriste sus sentimientos, y resultará que cuando desees rectificar tu error, puede ser demasiado tarde. Debemos pensar antes de hablar.
Por eso cuando tengas ganas de estallar acuérdate del papel arrugado. Debemos ser pacientes, y aprender a tener discernimiento espiritual, y sobre todo a tener dominio propio. Por algo Dios nos dio dos oídos para escuchar mejor y una boca para hablar menos.
Recuerda que con nuestra boca podemos maldecir o bendecir aquellos que nos rodean, todo aquel que es de Dios estilara aquello que lleva dentro de ella, que es amor, paciencia, alegría, mansedumbre, etc…. Y todo aquel que no es de Dios estilará cosas contrarias…
Que Dios las bendiga, hasta la próxima...

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